Las acciones que se refieren a incluir ir a la iglesia, restaurantes, y acontecimientos deportivos, haciendo viajes cortos, jugando a las cartas y juegos, socialización por sí misma, la jardinería, cocinar para los demás, ir de compras el trabajo comunitario, y, por supuesto, el empleo remunerado.



"Estas actividades no deben reemplazar el ejercicio," Glass advierte, "pero el énfasis exclusivo en el ejercicio puede ser demasiado estrecho. Pues bien, de nuestro estudio que la participación social puede tener efectos tanto en la prolongación de la vida como actividades de acondicionamiento físico".



El mejor de todos los mundos, por supuesto, es hacer ejercicio en un entorno social. En lugar de correr solo, o el uso de una máquina de ejercicios en casa, caminar al centro comercial o hacer ejercicio con otros. "De esa manera, las personas tienen más probabilidades de mantener una rutina de ejercicios y para obtener el beneficio añadido de la misma", señala Glass. "Eso va para todos los adultos y adultos mayores."

Incluso alguien que es demasiado viejo o débil para ejercer puede beneficiarse de la participación social, los investigadores de Harvard reportaron el mes pasado en el British Medical Journal. "Las actividades sociales y productivas independientemente confieren ventajas equivalentes de supervivencia", escribió el grupo de Glass. "Entre los ancianos que estaban físicamente activo por lo menos, los que eran socialmente más activos y productivos vivieron más que aquellos que eran menos social y productivo".

Los investigadores tomaron en cuenta las diferencias de edad, sexo, peso, estado civil, el tabaquismo, y la historia de diabetes, enfermedad cardíaca y el cáncer para llegar a sus conclusiones.

Manténgase involucrado

Algo está pasando con independencia del ejercicio para mantener con vida los ancianos, pero ¿qué es?

Glass admite que no sabe con precisión. Sin embargo, él cree que el mantenimiento social y ocupado "evoca cambios en el cerebro que protegen contra el deterioro cognitivo. Esto, a su vez, influye en los procesos físicos reguladas por el cerebro como la inmunidad celular o la movilización de las defensas del cuerpo contra la enfermedad."

En otra investigación, Glass y dos colegas rastrearon el efecto de la desvinculación social sobre 2.812 personas de 65 años y mayores de 12 años. Ellos encontraron que las probabilidades de sufrir deterioro cognitivo fueron aproximadamente dos veces mayor en las personas que declaran sin vínculos sociales que en los que tenían contacto frecuente con familiares y amigos, asistieron a servicios religiosos, o participado en actividades sociales habituales.

El hallazgo de que las actividades sociales y productivas producen el mayor efecto entre los menos activos físicamente tiene implicaciones importantes para los que se consideran demasiado débiles o discapacitados a hacer ejercicio con regularidad. Muchos hogares de ancianos y centros para personas mayores han desarrollado programas de ejercicio para esas personas. Estos programas proporcionan más beneficios cuando se hace en un contexto social, Glass mantiene. "Los que encuentran difícil o difícil el ejercicio son menos propensos a evitar cuando incluye conocer y hablar con otras personas", dice. "Y obtener la doble ventaja de trabajar sus mentes y sus cuerpos."

 

Fuente:  http://news.harvard.edu/gazette/1999/09.16/social.html" Tomado de Estudio de Harvard